Río loco, de Javier de Isusi

agosto 5, 2009 at 1:20 pm (Astiberri, Aventuras, Viajes)

rio loco
Río loco
es la tercera entrega de la saga Los viajes de Juan Sin Tierra, obra de Javier de Isusi, un joven arquitecto bilbaíno que después de recorrer Latinoamérica durante un año decidió dedicarse a escribir y dibujar cómics a partir de las experiencias que vivió y del conocimiento que adquirió allí.
En este nuevo volumen Vasco, protagonista de la serie y nueva encarnación de la figura clásica del aventurero, que bien podría ser comparado con el célebre Corto Maltés (aun así, sigo en mis trece de ver mucha más sustancia y coherencia en aquél que en la creación de Hugo Pratt), continúa la búsqueda de su amigo Juan, quien desapareciera varios años atrás en Latinoamérica.
Río loco es un tomo que vendría a desmarcarse de lo que habíamos podido leer en las dos entregas previas, La pipa de Marcos y La isla de Nunca Jamás. Si en los dos primeros volúmenes Javier de Isusi complementaba la temática de aventuras con un enfoque político, social, económico y cultural evidente y ampliamente documentado, Río loco se centra más en el primer aspecto, y concretamente en el origen de la búsqueda emprendida por Vasco, que sirve para profundizar en aspectos personales hasta el momento desconocidos, y abordar el tema de la identidad que adquiere una significación especial y al que se pone en relación con conceptos cosmogónicos de la cultura indígena local. Al mismo tiempo el lector conocerá más sobre Juan, el amigo desaparecido de Vasco, personaje que poco a poco ha ido perdiendo cierta aureola “mítica”, un proceso desmitificador a la par que realista que obedece al enfoque con que Javier Isusi ha tratado los diversos temas que han ido apareciendo a lo largo de esta interesante saga en cómic.
Si concretamos un poco más, Río loco comienza en Ecuador para pasar luego por Peru y finalizar en el corazón de la selva amazónica, un escenario que Isusi aprovecha para presentar a los Pueblos Indígenas no contactados así como para plantear el tema del Dorado, que entroncaría con dos ideas: Por un lado la del mito y por otra la del viaje como búsqueda.
Ha de reconocerse que la obra de Juan Sin Tierra constituye una obra atípica dentro de la producción comiquera nacional por el escenario en el que se desarrolla la acción, por mucho que aparentemente se amolde a la manida y quizás anticuada categoría que en los ochenta servía para clasificar aquellos cómics donde la temática de aventuras era la protagonista indiscutible, la llamada línea clara. Pero la superación de esta etiqueta en Isusi no deja lugar a dudas, pues en sus tebeos se constata una voluntad por dar a conocer las situaciones que se viven en esos países, proporcionando información fidedigna y de primera mano, algo que no sólo se desprende del cómic en sí, sino también de los artículos que, a modo de ensayo, se incluyen en las últimas páginas de cada tomo y que vienen a contextualizar lo leído con anterioridad.
Javier de Isusi no ha perdido un ápice de su habilidad como narrador en esta nueva entrega, con su estilo entre realista y caricaturesco, sencillo y expresivo, pero con el que consigue caracterizar a la perfección personajes y escenarios, al tiempo que elabora un convincente cuadro de la realidad latinoamericana.

Para saber más:

La Isla de Nunca Jamás, del mismo autor

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La Isla de Nunca Jamás

febrero 4, 2008 at 11:28 pm (Astiberri)

A veces, el discípulo supera al maestro. Como con Javier de Isusi y Hugo Pratt. Vasco y Corto Maltés.
En La Isla de Nunca Jamás, Javier de Isusi retoma las aventuras de su consumado viajero, Vasco, en busca de su amigo Juan, desaparecido años atrás en tierras latinoamericanas. La última vez que nos cruzamos con el bueno de Vasco fue para conocerle, recién llegado a Chiapas. Vasco lucía una mirada escéptica, a través de la cual pudimos conocer, un poco mejor, la realidad de aquellas tierras. Fue en La Pipa de Marcos, novela gráfica con la que descubrimos a Javier de Isusi, un joven arquitecto que un buen día decidió que lo suyo era contar historias con viñetas.
Una decisión acertada viendo los frutos que ha dado lugar su trabajo.
En esta nueva entrega, Isusi lleva a nuestro héroe hasta Nicaragua, concretamente a Ometepe, una isla situada en el lago Cocibolca, y que da título a la obra. La elección de éste no es gratuito, ya que el cómic comparte con el Peter Pan de James M. Barrie una misma estructura narrativa. Tanto los personajes de esta novela juvenil como los episodios de los que se compone hallan su reflejo en el tebeo que tenemos entre manos, sólo que adaptándolos a la realidad nicaragüense. Así, tanto Peter Pan como los niños perdidos son niños de la calle, mientras que el papel de villano que el Capitán Garfio desempeña en el clásico recae aquí en el director de un centro infantil de acogida subvencionado con dinero extranjero proveniente de apadrinamientos, cuyo nombre, Holly Roger, tiene reminiscencias piráticas (la Jolly Roger es un diseño de bandera pirata). Los paralelismos que pueden hacerse entre ambas obras son numerosos, no sólo en lo concerniente a personajes (el fundador de la institución, por ejemplo, es el reverendo Roger Hooker, al que curiosamente le falta una mano, como al malvado Garfio -Hook-), sino también en lo relativo a las situaciones en las que se ven envueltos (así, la escena en la que el alter ego de Peter, Chico Corto, le pide a Wendy, aquí una chica francesa que trabaja en una cooperativa agraria, si puede ser su mamá). Pero Isusi no se ha quedado aquí, no, sino que, como dice en una entrevista publicada en el blog Entrecomics, su idea era seguir una estructura narrativa paralela a la de la obra de Barrie.
Pero las referencias van más allá de la novela Peter Pan, si bien ésta constituye la base de la historia que nos cuenta el autor bilbaino. En La Isla de Nunca Jamás encontramos un episodio que nos remite a El Principito de Saint-Exupery, y me atrevería a decir que la cita de Mark Twain que abre el cómic no sólo alude al escenario en el que se desarrollará la acción, Ometepe, sino que los planes de Tom Sawyer, uno de sus personajes más conocidos, pueden verse correspondidos con los de Chico Corto.
La obra está impregnada de un sentido de lo maravilloso que usualmente vinculamos a la infancia. Parece como si Isusi quisiera arrastrarnos a este estadio vital que hemos dejado atrás con los años, a fin de abandonar, aunque sólo sea por el breve instante que dure la lectura, todo ese conjunto de valores que vamos adquiriendo a medida que nos hacemos mayores. Digamos que lo que nos quiere decir el autor es algo así como ¡Quitémonos todas las máscaras que nos ponemos de adultos e intentemos volver a ver con la mirada de un niño!
El elemento fantástico es omnipresente, impregnando el conjunto de la obra, ya sea en forma del referente constituído por la obra de Barrie como en una parte constitutiva del carácter del pueblo retratado. La realidad indígena queda atestiguada, no sólo en los recientes hechos históricos a los que se hace alusión, sino también en una tradición narrativa oral a reivindicar, donde la fantasía ocupa un lugar preeminente, de cuyo ejemplo Isusi nos brinda Flores en el Viento, una excelente historia corta guionizada por Luciano Saracino que encontramos al final del cómic.
Da gusto encontrar en el cómic cómo conviven a la perfección distintas modalidades narrativas que se corresponden con  grafismos también diferentes. Tan pronto estamos ante un cómic de línea clara, como pasamos a un relato de corte legendario narrado haciendo uso de un figurativismo propio del arte indígena, como luego Chico Corto nos cuenta la historia de su vida con un estilo gráfico naive que nos remite directamente a nuestra infancia. La transición es envidiablemente fluída, de forma que el lector no ve entorpecida la lectura de forma alguna.
Decía al principio de estas líneas que, en mi opinión, Isusi había superado a su maestro. Porque el Corto Maltés de Hugo Pratt es el referente primero del Vasco de Isusi. Ahora bien, esta Isla de Nunca Jamás me la creo, a diferencia de lo que he leído del autor italiano. Corto posee un potencial simbólico que le coloca (reitero lo personal de esta afirmación) por encima del contenido de sus historias. Éstas son el punto flaco del personaje, lo cual es una verdadera lástima, algo que, afortunadamente no sucede en las aventuras protagonizadas por Vasco. El ritmo narrativo es el adecuado para no perder al lector por el camino, cosa que no creo que se pueda decir a grosso modo de los álbumes del maltés.

En definitiva, La Isla de Nunca Jamás constituye un buen compendio de las mejores virtudes que podemos encontrar en un cómic de aventuras que va más allá de los tópicos del género, abriéndose a diversas lecturas donde tienen cabida desde una voluntad documental no exenta de crítica, aspecto que ya encontrábamos en la anterior entrega de Los Viajes de Juan Sin Tierra, La Pipa de Marcos, a la afirmación de una concepción vital donde fantasía y humor son imprescindibles para enfrentar el día a día. ¿Para cuándo la tercera entrega?

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